martes, 24 de diciembre de 2013

Tomemos la Navidad en serio

Santuario de Arantzazu, vidrieras/abril,2013
Un año más nos encontramos en Navidad. Hay mucha gente - cada vez más - que odia estas fechas. Otros, aprovechan para pasar unas vacaciones huyendo de la Navidad. Muchos otros siguen la tradición: fiestas para reunirse con la familia, comprar lotería y esperar que toque con ilusión, consumir mucho más, hacer regalos, comer mucho y, a ser, posible bueno, ...eso es la tradición.

Cierto que el ambiente navideño invita a estar contentos, alegres y felices. Es algo entrañable y deseamos el bien a todo el mundo. Estamos más contentos. La ciudad se viste de luz y color. Pero, la Navidad, precisamente por ser fiestas emotivas y entrañables, despierta también el recuerdo, el dolor de la pérdida; aviva las penas y las frustraciones.

¿Cómo celebrar la Navidad si no hay para comer diariamente?, ¿cómo celebrar la Navidad cuando me faltan personas que amaba mucho?, ... Las personas que están en momentos díficiles de su vida no desean la Navidad. Es por lo que yo en estas fechas trabajo más. Hay quien me pide sesión el mismo día de nochebuena porque dicen que así aguantan mejor.

El otro día subía en el ascensor con un vecino - que, por cierto, es una persona muy agradable - mientras él subía algunas sillas al trastero. Y, le hago un comentario: "...qué, ¿preparando los encuentros famiares?" y me responde: "si". A continuación me dice: "ya sabes lo que nos decimos entre los compañeros en el trabajo: ¿qué tal, ...has estado en Navidad o en familia?". Ésta, es la broma que se gastan.

Es verdad, la tradición dice que la familia debe reunirse y, muchas veces, sólo es para reñir y discutir. En la segunda copa de cava ya empiezan los reproches, se abre la caja de pandora y se saca todo lo reprimido. Sí, es triste que por mera tradición, convirtamos estas fechas en sufrimiento y en desencuentro. En más de una ocasión he recomendado a pacientes que no se junten, que se llamen por teléfono y se deseen lo mejor. Sí, esto es así.

Otra cosa sería si nos tomasemos la Navidad en serio. Esto significaría que no se celebra porque hay una tradición sino porque realmente vivimos todo lo que implica la Navidad: momento del año en el que hacemos una apuesta sincera de verdad y de buenos deseos. En definitiva captamos el mensaje Navideño para ajustar dimensiones de nuestra persona que se han quedado ocultas, perdidas, o desviadas.

Las navidades tienen un contenido totalmente religioso. El creyente siente y vive el nacimiento de Dios, ese Dios que quiso hacerse hombre y mostrarse,... rebajándose. Ese Dios que quiso nacer y morir al igual que toda Persona. ¿Somos conscientes de lo que es esto?, ¿somos conscientes de que esto es de locos, porque... es locura de amor?. Sí, la Navidad tomada en serio es experimentar que Dios amó de tal manera que sólo puede llamarse: locura de amor.

¿Puede uno creerse esto?. Desde la razón es dificil. Pero hasta los ciéntificos y estudiosos de la mente, no pueden dar respuesta a este misterio y lo que hacen es enmudecer ante el mismo. No se atreven del todo a desglosar desde dónde la Persona puede llegar a creer esto como una verdad. Porque hay tales dimensiones en el ser humano que no son fáciles de explicar pero no por ello dejan de existir. Está la inteligencia espiritual. Pocos hablan de este tipo de inteligencia. Está la dimensión espiritual que no hace ningún asco a la razón aunque ciertamente no la necesita demasiado.

Pero lo que sí es cierto, es que la Persona que vive esto así no puede celebrar la Navidad como un acontecimiento meramente tradicional donde se come y se bebe y se hacen regalos. Es así porque hay otra verdad mayor.

Y con este espíritu navideño deseo de todo corazó felicitar las fiestas con mis mejores deseos a:
  • Todos mis pacientes, que sé que esta navidad va a ser más fácil y positiva. Deciros que gracias por todo lo que me dais. Me quito el sombrero ante todos vosotros y vosotras.
  • A mis alumnos de la facultad. Gracias por ser un grupo diferente que me permite hacer una docencia diferente. Gracias por vuestro interés, gracias porque no teneis prisa por acabar las clases. Sois un curso magnifico. Tanto, que acudo al aula con gran ilusión.
  • Quiero felicitar las Navidades a mi querida Blanqui. ¿Os acordáis de Blanqui?. Está fántástica. Es fantástica. Blanqui, en su enfermedad, nos ha dado mucho a todos. Nos ha dado una buena lección de fuerza, valentía, entereza, equilibrio, capacidad de sufrimiento, madurez y generosidad.
  • Y, quiero también, felicitar a mi buen amigo Kere, un hombre inteligente y bueno, un hombre que ama la vida sin hacer ruido y que siempre está ahí. Kere, tienes todos los motivos del mundo para ser un tío que presume de sus valías y, sin embargo, eres la humildad y sencillez personificada. Esto es ser Navidad. No celebrar Navidad, sino ser Navidad.
Que todos hoy más que nunca consciente de la situación social que tenemos seamos un poco Navidad. Os quiero.

Y, no podía olvidarme de Dioni, que me localizó a través de los medios y que hace muchos años tuvimos una auténtica relación terapéutica. Feliz Navidad Dioni para tí y los tuyos.

domingo, 8 de diciembre de 2013

Desarrollo de una personalidad triunfante

Zuia 2013 / Basque Country
Que duda cabe que toda crisis, sea de la índole que sea, nos induce a reflexionar. Las crisis desmontan, cuestionan, nos pone de alguna manera entre las cuerdas, nos confronta, nos hace replantearnos todo lo que da sentido a la vida. En definitiva, toda crisis - por dura que sea - nos brinda la oportunidad de acrisolar. Esto es: purificar, sacar a la luz lo verdaderamente bueno, digno, bello, significativo y relevante,..., cambiar.

Espero que a través de esta tremenda crisis que padecemos - indeseable, pero real - los padres y madres reflexionemos seriamente sobre lo que supone educar y formar a los hijos e hijas.

El fin de la educación no puede ser sólo el desarrollar la inteligencia, socializar intregrándole en una cultura, y capacitarle profesionalmente. La educación es eso sí pero, tan importante o más, la educación tiene que ayudar a nuestros hijos a desarrollar una "personalidad triunfante", capaz de desarrollar todas sus posibilidades como persona, tanto aptitudinales como actitudinales, que sepan elegir bien sus metas y proyecto personal, ayudarles a que lo consigan, a que sepan aprovechar todas las oportunidades de la vida y afrontar los conflictos.

Para llegar a conseguir una personalidad triunfante tendremos que ayudar a nuestros hijos e hijas a descubrirse, conocerse, experimentar en la praxis todas sus capacidades como personas que son, que se adentren en la vida y hagan experiencia propia, que su paso por la vida sea profundo y amplio. No es lo mismo tan sólo pasar por la vida que calar en la misma. Ayudarles a conseguir esa personalidad triunfante supone e implica que contribuyamos a que construyan fortaleza interior, autodominio, conocimiento propio, libertad y autoderminación, que aprendan a elaborar las frustraciones, el desengaño, los cansancios internos, soportar los sinsentidos para hallar la verdad del auténtico sentido de la vida y a que adopten la actitud creativa de saborear la vida y no la de hundirse en las contrariedades que presente.

Porque si algo es la persona es la posibilidad de seguir desarrollando posibilidades. Y, esto no es una frase mas, ni un juego de palabras. Es una de sus grandezas, algo a lo que otros llaman: reinventarse.

En definitiva la personalidad triunfante prevee las grandes verdades de la vida:
  • Que la vida está hecha para ser vivida y vivida en plenitud
  • Que es má importante amar que odiar
  • Que el sentido común es muy necesrio
  • Que no es lo mismo saber que conocer, el conocimiento requiere la experiencia propia
  • Que coger la vida en las manos nos previene del vagabundear porque nos da el norte
  • Que el sol sale para todos
  • Que nadie debe pasar hambre ni frio
  • Que no hay mayor gratificación que la que nace de ser plenamento tú mismo
  • Que también los ricos se mueren ¡sólo faltaba|
  • Que el conocimiento también es illimitado
  • Que el conocimiento de lo que supone ser persona nunca se dejará atrapar en una teoría
  • Que Dios, es. Y, que hablar de Dios, es hablar de las verdades de la vida.



viernes, 1 de noviembre de 2013

Ser auténtico

McStone/Pixabay

Ultimamente, en mis reflexiones acude mucho a mi pensamiento el "ser auténtico". Hay muchas palabras que han dejado de estar  presente en nuestro vocabulario. Una de ellas es la autenticidad. Posiblemente comenzaron a dejar de usarse porque nos sonaban a cursis, beatas, pias, carcas, etc.. Esto mismo ha ocurrido con otras como misericordia, compasión o caridad. Quiero reparar en la autenticidad.

La psicología como ciencia del comportamiento humano promueve como base de la personalidad el "ser uno mismo". La búsqueda siempre dificil del sí mismo y, para ello, es imprescindible que el ser humano indague en su verdad de ser, es decir: su ser auténtico, genuino, real, sin máscaras, libre, consciente de su verdad de ser.

Este es el primer principio básico que promulga la psicología para que la persona-sujeto pueda vivir armonizada y, lo que es más importante, feliz. ¿Hay algo mas pleno que sentir que uno es auténtico, que realmente actúa y se manifiesta tal y como es?. ¿No es esto más grande que el "venderse" al mejor postor?. ¿Merece la pena sacrificar nuestra dignidad de ser en pro de un reconocimiento, de un aplauso social, de una imagen o prestigio, de dinero, ...?.

Topar con la verdad de sí mismo es vivir en coherencia, es poder mirar dentro de sí y fuera de sí, es caminar erguido, es  reconciliarse con el error, el defecto, es la sinceridad y la genuinidad vivida, en definitiva: es la verdad. Y la verdad es la sanación, es la paz, es la felicidad.

La persona genuina, no engaña, no aparenta, no depende de la imagen, no pretende ser más que nadie, no siente la necesidad de la perfección. La persona genuina ES. Simplemente ES y como tal se muestra. La persona genuina no conoce el miedo porque no tiene nada que esconder.

Retomar la autenticad evitaría grandes males. Tocar fondo en la verdad  siempre dispone a las personas a vivir en humildad, a tocar lo mejor de nosotros mismos, es humanizante. Y nuestra sociedad está necesitada de esta verdad, capaz de transformar el corazón humano.

En definitiva, la autenticidad es andar en profundidad, adentrándose en lo que verdaderamente nos hace más hombres y mujeres.


sábado, 21 de septiembre de 2013

Elaborar la frustración

Hola a todos los que me leéis y compartís estos ratos conmigo. Gracias a todos y os pido disculpas porque llevo un tiempo bastante largo sin escribir. Ya os contaré en otro momento dónde he estado y cuáles han sido mis quehaceres, motivos éstos que me han tenido muy ocupada y con la mente y toda mi energía en otros mundos.

Sin embargo todo este tiempo vivido de experiencias densas e intensas han contribuido a que quiera empezar el curso hablando de la "elaboración de la frustración".

Estoy plenamente convencida de que estamos hechos para la vida y que la vida empuja para ser vivida y vivida en plenitud. Pero lo paradójico de la vida es cómo nos pone en el camino situaciones, circunstancias, acontecimientos que no deseamos o que no esperamos y que de alguna manera se convierten en amenazas a esa vida que quiere ser vivida.

¿Quién desea una ruptura de pareja o desamor? ¿quién desea estar en el paro? ¿A quién le da igual estar enfermo o sano? ¿Quién no desea el bienestar para los suyos? ¿Qué padre o madre no sufre cuando un hijo "se tuerce" o simplemente no le salen las cosas? ¿a quién no le afecta el rechazo afectivo, la marginación o la desaprobación?. Existen y nos acontecen situaciones no deseables pero que no se pueden evitar. Es por lo que se hace necesario aprender desde temprana edad a elaborar bien la frustración y como consecuencia el desengaño o la decepción.

Me duele mucho cuando la persona es capaz de perder el sentido de la vida y deja de soñar y creer porque no pudo elaborar la frustración. A menudo me encuentro con personas cargadas de hiper-realismo que creen estar de vuelta de todo pero con un fondo de amargura y tristeza que les impide ser feliz y seguir creyendo en la vida y en el hombre y, por lo tanto, en el amor.

La frustración está ahí, sí, es verdad y duele pero no hay que temerla, no es ninguna amenaza. El ser humano tiene muchos recursos para integrar, luchar, superar, afrontar sin dejar que el mal afecte a su esencia personal, sin que le robe lo mejor de sí mismo: su alegría, su motivación, su sueño y su esperanza..

A través de la frustración aprendemos a conocernos más, a descubrir nuestros recursos, a valorar y reafirmarnos en lo verdaderamente esencial e importante. Cuando asumimos la frustración nos hacemos más fuertes y profundos e incluso diría yo: más sabios. La elaboración de la frustración es fundamental para vivir serenos, libres, sin ataduras, sin miedos, fuertes e ilusionados..

Hay una fórmula que para mí es mágica cuando aparece lo no deseado y lo que de verdad duele. Me digo a mí misma: bueno, una frustración más, no pasa nada. Y mirar hacia adelante con deseo y verdad. Pronto desaparece el malestar de lo acontecido como negativo.

Vivir merece la pena. Pero no de cualquier manera.. El mal no se adueña de ti si no lo consientes.
Nunca permitas que la frustración:
  • Te hunda en la tristeza
  • Te haga dudar de ti, la duda psicológica te hace débil
  • Te quite el deseo de vida
Aprende a no meter el yo en la frustración. Vívela como algo que forma parte de la vida y de lo que puedes aprender. Si metes el yo te sentirás hundido afectivamente y la duda aprovechará a entrar en tu mente atormentándote y confundiéndote. Sal de esa dinámica, huye de ella como del mismísimo diablo. Es enfermiza. Y, a cambio, llénate de todo aquello que te de vida, lo sano, lo bueno, lo positivo, lo bello, lo auténtico. Nunca dejes de creer y soñar por favor.

Un beso a todos y gracias de nuevo.
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viernes, 12 de julio de 2013

Lo que necesitamos para ser felices


Zarautz, Gipuzkoa / Xabier M.
Todos hemos oido alguna vez la expresión siguiente: "no es más feliz el que más tiene sino que el que menos necesita". Cierto es que una sociedad de consumo como la nuestra nos ha educado en la creencia de que seremos más felices en la medida que tengamos más cosas. Los más inteligentes, los más competitivos, los más guapos, los que llegan a altos cargos son los triunfadores y, los que no alcanzan a tanto, son los perdedores.

El éxito está totalmente relacionado con el triunfo y los demás son los perdedores. Esta realidad ha repercutido mucho en las personas. De manera que sin casi darnos cuenta nos hemos creado una serie de necesidades innecesarias y que se han convertido en el máximo de nuestra vida. Un  máximo que se cobra su buena factura: se vive infeliz, ansiososos, estresados, dejando de lado grandes aspectos de nuestra vida y centrándonos en exceso en eso que nos han dicho que es lo mejor.

Tanta necesidad de aprobación y reconocimiento por parte de los demás, tanta necesidad y dependencia del "exito" induce a la competitividad con formas, a veces, insanas y poco éticas. Esto es, una necesidad de liderazgo, de control de todo y de todos, cayendo en ocasiones en la manipulación del otro. No hablamos sino de la necesidad de protagonismo, del aplauso social, del ser el más admirado y tenido en cuenta, ..., necesidades, que yo entiendo claramente innecesarias. Y el gran engaño es creer que son convenientes.

No, éstas sólo son inventos de nuestra sociedad pero no se necesitan. Conviene liberarse de ellas porque crean infelicidad y nos desvían de lo que de verdad merece la pena en la vida. Nos hacen sufrir. En definitiva no aportan nada y cuando uno se libera de ellas encuentra la auténtica paz, el auténtico equilibrio y lo que es más importante: se encuentran a sí mismo.

¿Cuáles son las necesidades que podríamos denoninar necesarias?. Psicológicamente hablando, menciono sólo tres:
  • La necesidad  afectiva. El ser humano necesita sentirse amador y amado, amar y ser amado. Sobre todo, amar, lo cuál está en nuestra mano. Porque cuando amo, me amo. Cierto que para aprender a amar conviene haber tenido en la vida por lo menos una experiencia gratuita de amor: "te quiero porque eres tú", no necesito que seas de una forma determinada para amarte. En esto consiste la experiencia gratuita de amor. Pero aún cuando alguién siente que no se le ama siempre tiene la oportunidad de amar él y en esta experiencia de salir de sí mismo hacia el otro encontrará la salvación.
  • La necesidad de ser útil. Todos tenemos esta necesidad y es nuestro deber es experimentar que somos seres con destrezas, habilidades y posibilidades. Descubrir que somos seres capaces, contribuye a tener una buena autoestima,
  • La necesidad de sentido. A esta necesidad no se le da demasiada importancia. Sin embargo, la tiene y mucho. Para sostener una vida, con todas las vicisitudes que a menudo nos presenta, es necesario tener y hallar el sentido. Incluso el sufrimiento tiene que tener un sentido para que no nos destroce. Un proyecto vital carente de sentido no es proyecto, es una vida automática y vegetativa. Lo que nos mueve y sostiene es el sentido que le damos a la vida.
Cuando nos preguntamos por la felicidad personal lo primero que tenemos que tener claro es el sentimiento de qué es lo que merece la pena: la vida merece la pena, es decir que la vida tiene sentido. Pero la vida no tiene sentido si no se lo damos y no nos molestamos en encontrarlo.

Si somos capaces de encontrar este sentido a la vida y de seguir el aire del viento estaremos encontrando el norte que conduce a una vida más plena y profunda.

Aprendamos por tanto a eliminar necesidades innecesarias y a cultivar las importantes. La liberación será nuestra compañera de viaje y la realización personal será una realidad.