jueves, 27 de julio de 2017

El terapeuta

Gorbeia | Basque Country, 2016
He comenzado mis vacaciones. Repasaba tomando un café en todo lo que ha sido y supuesto este curso. Pero sobre todo pensaba en cómo habían quedado las personas que han depositado su confianza y abierto su alma, deseaba que pasen buen verano, que puedan disfrutar. Y es que el sufrimiento no entiende de vacaciones, ni de buen tiempo. El sufrimiento no da tregua.

Sonreía mientras recordaba cómo me denominan muchos: "la psicus", "la psicomaga", "la loquera", "la psicobruja", "la psicóloga", "la terapeuta".

Todas las denominaciones me gustan porque cada una lleva el sello de cómo me viven y sienten y sobre todo de lo que implico en sus vidas.

Pero yo desde mi comienzo profesional me he identificado y reconocido como terapeuta. Siempre quise ser médico de la mente humana. Tratar la psique. Deseaba conocer los porqués de la conducta, deseaba conocer al hombre. Uf ...qué osadía más apasionante!.

Pues bien, reflexionando sobre lo que esta palabra significa para mí, quise profundizar y al volver a casa desempolvé un diccionario griego y eureka! " el que cuida de las cosas de los dioses". La palabra terapeuta tiene muchos ejemplos en la biblia: "Cuando el Señor hacía surgir jueces. El estaba con el juez y los libraba de sus enemigos (Jue, 2,18). Los israelitas ofendían a Dios con su conducta  y se veían atacados por todos los lados, ¿qué hacía el juez?... recomponer la escala de valores. Hacerles ver que el cambio se da de dentro afuera. El exterior poco puede hacer cuando no hay paz interior ni calma en el alma.

¡Qué curioso!, ...será, que ¿los jueces de Israel fueron los antecesores de los psicólogos actuales?. Lo que sí tengo claro es que el terapeuta contribuye a encontrar lo sano, lo maduro, contribuye a sanar heridas. A sacar lo mejor de uno mismo. Y a la búsqueda - siempre difícil - de uno mismo. Por eso el terapeuta es un poco profeta: sabe ir más allá de la crisis, del trastorno, del diagnóstico y en ese "ver más allá", halla lo mejor del otro. Esto es fantástico.

Feliz verano a todos.

domingo, 11 de junio de 2017

Sentir la vida, amar la vida, gozar la vida

 Penn ar Bed | Bretagne, 2016
Cuando empecé mi vida profesional con toda la pasión que encierra una joven recién terminada su carrera me marqué un reto: El terapeuta no era esa persona que ayuda a la persona a resolver sus desequilibrios, trastornos, traumas, carencias, frustraciones y sufrimiento. No, es eso... y mucho más!.

El terapeuta tiene que ayudar a que la persona saque lo mejor de sí misma, Ayudar a sacar el potencial humano que, a veces y por determinadas causas, no aflora y entonces la vida se trunca. Cuantas vidas no vividas, cuántas vidas perdidas, mal encaminadas!.



En el momento presente sigo ahí y sí, me gratifico y me hace feliz haber contribuido a sacar lo mejor de las personas, sus capacidades y actitudes buenas.

Es esta la lucha que establezco para hacer que la persona "sienta la vida", "ame la vida" y "goce de la vida", su vida. Porque no se trata de "la vida", se trata de nuestra vida, la propia, la vida singular, la personal. El psicólogo habla y cree en lo importante que es el "acto consciente" y es verdad, el hombre consciente es un hombre salvado. Pero este otro concepto de "sentir la vida" es una condición primera para que se de el acto consciente. Y sentir la vida es gozoso. En verdad por eso sufrimos, cuando no sentimos la vida, nuestra vida, cuando ya no me dice nada, estoy inerte y es cuando la tristeza se adueña de uno.

No puedo expresar lo que para mí supone ver cómo la enfermedad se adueña de la persona tragándose todo lo que implica sentir y amar la vida. Este es el caso de la depresión endógena. Aparece como el gran monstruo que se adentra en el ser entero y lo transforma en otra cosa que no se desea porque la tristeza es tan profunda que anula toda posibilidad de sentir la vida de forma gozosa y libre.

Porque soy consciente de lo que esta enfermedad encierra y lo mucho que hace padecer a la persona doy todo lo que tengo y más. Enseño  a mis pacientes a luchar con el monstruo. Sé que la enfermedad se instala en la persona robándole todo lo bueno y lucho con ellos para vencer la batalla. En estos casos la química puede ayudar, pero no es suficiente. La química nunca puede dar lo que en verdad tiene que poner la persona. La batalla se gana cuando la actitud y el deseo, comido por la enfermedad, logran emerger y se imponen a la misma. Se establece un dialogo entre el monstruo y la persona y se le dice "tú no me vas a poder" me quitas todo lo que me da vida, quieres robarme el sentir mi vida pero yo voy a poder más que tú. Así se vuelve poco a poco a sentir y a volver amar la propia vida, porque se vuelve a ella con la fuerza del deseo. 

domingo, 9 de abril de 2017

El mal de amores

Bretagne | 2016
Pido mil disculpas a los que me pedís que no deje de escribir. Han sido meses duros : mucho trabajo, mucha demanda familiar, muchos cursos y clases y alguna gripe que me rebajado  las fuerzas. Pero en estos meses la vida me ha presentado tantas cosas que mi mente ha estado muy activa y mi vida muy repleta y densa.

El otro día me encontré con un compañero en los pasillos de la universidad y al darle un beso de saludo le pregunté ¿Que tal estás? a lo que me respondió: bien, pero no tan feliz como tú. Yo sonreí y le contesté: Carlos, que yo también tengo problemas y a veces muy gordos. Y me dijo algo que me hizo pensar en la imagen que los demás puedan tener de mi: ya, pero tu fondo existencial es muy pleno,

No sé la imagen que doy pero sí puedo decir que el sufrimiento también llamó a mi puerta y entró y rompió mi alma. Y sí, el alma duele y mucho. Y un día me propuse que nada arrebataría la esencia de mi ser, lo mejor de mí misma. No fue el mal de amores lo que me hizo sufrir, pero sí el amor. Todo el que ama sufre pero cierto que si no amas no vives. Y vas aprendiendo a amar de forma más auténtica, dejando atrás los apegos.

El tema de hoy trata de cuando uno se enamora y no es correspondido, o cuando te enamoras de alguien que no puede amar y tú te empeñas en tirar de un carro que no quiere o no puede andar. O cuando la persona de la que estás enamorada te traiciona con infidelidad o, simplemente, deja de amarte y prefiere irse con alguien y que no entiendes lo que ve en esa persona que no tengas tú.  Y sí, no entra en la mente que alguien que tú amas no te ame. Esto es el llamado, coloquialmente: el mal de amores.

Y el mal de amores es uno de los peores males. Duele mucho. A veces, duele demasiado. Ríos de tinta se ha escrito sobre ello. El misterio del amor. Jamás podremos llegar a responder a este misterio. 

Pero sí podemos ser conscientes de algunas cosas:
  • Que es necesario diferenciar bien si realmente amamos o necesitamos al otro. Necesitar es una cosa muy distinta a amar.
  • No conviene fijarse a nada ni a nadie. Amar es dejar partir, amar es libertad no posesión ni control.
  • Mantener la propia autoestima, estar reconciliado consigo mismo, vivir en la paz interior que nace de la libertad son premisas necesarias para integrar el desamor.
  • Abrirse a la vida que cada uno hace y a la vida que nos hace es un bálsamo para el corazón, es apertura, enriquecimiento, realización, sentido. Abrirse es siempre posibilidad.
  • Comprender que tan importante como ser amado es amar nos abre expectativas de vida. Puede que alguien no me quiera pero yo puedo seguir amando. Es importante amar sin expectativas. Creo que el verdadero amor es así: elimina las expectativas. Ama y punto.
  • Cuando se da el desamor conviene no caer en la trampa del sentimiento de fracaso. Nadie fracasa. El fracaso no existe. Cuando se da este sentimiento es porque tiene mucha presencia nuestro yo, el ego. Personificamos el desamor. Y se trata de aceptar y asumir la situación, por doloroso que sea y no de pasarse factura. Las cosas pasan y unas veces salen y otras no.  Unas veces por error personal y otras por error del otro y otras porque simplemente acontecen. Sacar el yo y poner distancia emocional ayuda a no distorsionar la realidad y aceptarla. La aceptación y la comprensión son dos grandes milagros.
  • De  todo dolor  y sufrimiento se puede sacar provecho. A veces tenemos que crecer, madurar y aprender a base de experiencias dolorosas. Si las sabemos aprovechar bien, nos enriqueceremos y obtendremos sabiduría de vida. Toda piedra en el camino nos reta a la superación. Y como consecuencia el crecimiento.

martes, 20 de diciembre de 2016

Seguir viviendo, cuando el alma duele | Para ti, Dioni

Napoli | 2016
Llegadas estas fiestas tan emotivas, entrañables, con toda su carga de tradición. Donde creyentes y no creyentes celebran el misterio de vivir y morir, el misterio del amor, el misterio del encuentro, el misterio de la necesidad de ser feliz, ... me acuerdo de ti, Dioni. Y te dedico este escrito porque me volviste a encontrar a través de las redes y eso nos ha congratulado a los dos y nos ha reencontrado. Ya tenemos uno de los misterios del ser y vivir.

Y me dices que no deje de escribir, . No nos hemos vuelto a ver después de hace muchos años, por lo menos 20 o más. Y, hoy nos reencontramos en la plena madurez, más yo que tú.

Estás en pleno duelo. Son tus primeras navidades sin Tere. Has vivido el gran dolor de la pérdida de la persona amada. Y miras a tu alrededor y ves que la vida sigue, que no se para, que aparentemente todo sigue igual y uno se siente tan sólo en ese dolor desgarrador que no se sabe cómo seguir viviendo. Estás viviendo en tu propia carne eso que nos acompaña desde el momento en que nacemos: que somos mortales. Pero hasta que no nos toca no sabemos lo mucho que duele y el tremendo revolcón interior que implica.

Sí Dioni, volvemos  a tocar otro misterio de lo que supone vivir y existir: el desgarro del alma, el dolor afectivo. Y, en todo ello, yo te digo con más fuerza y verdad: FELIZ NAVIDAD, QUERIDO DIONI.

Y, te lo digo, porque creo firmemente en:
  • Que uno tiene que vivir cómo puede cada situación y estado de su vida. Y, Navidad también es cuando hay dolor. Incluso, más que nunca.
  • Porque el dolor se mitiga y se lleva mejor cuando uno sabe que es por amor y porque ha amado y sigue amando.
  • Porque la vida, esa vida que todos amamos por tormentos que tenga, no se acaba aquí. Es imposible que todo lo que somos acabe con la muerte: creo en otra vida. No sé cómo será, pero tengo la certeza que será para bien. Tu querida Tere está bien Dioni, está bien.
  • Porque nuestros seres queridos que han tenido que pasar a otra dimensión quieren que vivamos y nos protegen. Estoy segura de ello.
  • Porque sé que eres un gran hombre, que sabe lo que digo, que has luchado por amar y amar bien, que no te has escaqueado cuando el otro sufría sino que has estado ahí, por todo eso y mucho más.
  • FELIZ NAVIDAD MI QUERIDO DIONI.

Y, aprovecho este momento para felicitar a todos mis pacientes que lucháis cada día por la vida, por vuestra vida y la de los que os rodean. Deciros a todos y a todas que os admiro y os quiero de todo corazón.

A mis queridos alumnos, en especial los que tenéis que pasar la Navidad muy lejos de casa: Dani, Arul, Benjamin, Marcelino, Hector, Mari luz, - que estas en casa, pero no me olvido de ti. No te quejarás lo bien que te tratan todos los chicos en clase - ja,ja,ja... - eres la bendita entre ellos. La única mujer, bueno yo no me incluyo - soy la profe, ... (̶◉͛‿◉̶).

Que sepáis que os admiro también, la ilusión que ponéis en clase, la motivación, lo que disfrutáis, que nunca tengáis prisa por acabar, que os guste sacarme fotos para enviar a vuestras familias y presumir de profesora guapa... Cierto es que en cada clase os doy todo lo que soy y llevo pero es que el mérito es vuestro porque vuestra actitud me invita a daros lo mejor. Mis queridos alumnos y alumna: FELIZ NAVIDAD.

Y, permitidme que felicite a mi familia. Yo, ... estas Navidades estoy muy feliz porque llegan mis hijas a casa. Una desde Ginebra y la otra desde Oslo. Me vienen como el turrón en Navidad y soy tremendamente feliz. El hogar está preparado y engalanado para recibirlas, mi marido se ha esmerado en poner un hogar cargado de luz y de vida.

Y eso quiero trasmitir a todos: LUZ Y VIDA PARA TODOS y TODAS.

viernes, 4 de noviembre de 2016

Aprender viviendo

Mundaka, Basque Country | 2014
Impacta y entristece ver adultos jóvenes que cuando hablan de su vida, no dicen nada. Cuando les preguntas sobre las experiencias de su vida, aquellas experiencias que configuran y fundamentan la vida, se limitan a contar anécdotas y algunos ni eso. Hay dos formas de vivir y de estar en la vida: se puede pasar por la vida, o entrar y calar en ella. Los primeros son los que cómo mucho cuentan anécdotas, pero poco han aprendido de ella y poco se han enriquecido. Los segundos son los que realmente adquieren sabiduría y da gusto hablar y oírles porque proyectan un conocimiento propio del que realmente sabe lo que es vivir.

Vivimos deprisa, sí; pero, en verdad todos nos paramos cuando de alguna forma oímos a quien realmente transmite vida porque en verdad todos necesitamos de ello. Esto lo hemos constatado más de una vez: ese profesor que no aburre porque transmite algo más que lo leído, ese amigo al que realmente te gusta escuchar porque comunica y sabe de lo que habla. Todos tenemos alguna experiencia de estas. Cierto que no abunda mucho pero cuando topamos con ello nos gusta. En verdad este tipo de personas son "la sal de la tierra". Han conseguido ser personas con carisma propio, han sabido tocar los fondos y sacar conclusiones determinantes. Es un perfil de persona profunda, sencilla, consciente, serenos, con jugo y savia. Conocen la parte rosa de la vida pero también la gris. Degustan de lo pequeño y lo valoran. Saben enfrentarse a los retos y desafiarlos con serenidad. No evitan el sufrimiento sino que aprenden de él.

Yo tuve una experiencia que me enriqueció y determinó mucho. Recuerdo que recién estrenada mi carrera, me llamaron para impartir un curso de psicología en la facultad de medicina. Eramos un gran elenco de profesionales. Todos médicos, yo la única psicólogo. Me enviaron el horario, acudí a la hora y lugar con puntualidad, busqué el aula, abrí la puerta y no había acabado el doctor que impartía. Yo, muchacha joven, vitalista y entusiasta cerré la puerta y me dije; "este viejo no ha acabado, espero fuera". Acabó y entré. Cual fue mi sorpresa ya que él no se fue sino que se quedó a escucharme junto con su mujer. Yo, casi molesta porque no se iba. Mi sorpresa aumentó cuando vi que cogía apuntes de lo que yo decía. Acabé la clase y vino a felicitarme diciéndome cosas muy interesantes. Constaté que sabía más que yo. Sin embargo, insistía en que le había encantado y me auguraba un futuro profesional muy grande. Salimos de la clase, vino el director del curso, que también era médico y cuando este señor mayor le comunicó que me había escuchado y que estaba interesado en que fuera a su ciudad a impartir unos cursos (cosa que se materializó más adelante), me cogió el director y me sacó del grupo para decirme; Montse no sabes lo que hoy te está ocurriendo. Este hombre es un genio, es una eminencia en Medicina, es catedrático, Doctor Honoris Causa, es la sabiduría personificada, ... Fuimos a cenar. Y sí, era una persona sabia pero no sólo por lo que medicina le había aportado sino por lo que él había aprovechado la vida, ya que la vivió en un constante aprendizaje.

Si, finalmente fui a impartir a su ciudad y así pude conocerle y, degustarle, aún más. Este hombre era la "sal de la tierra". Aprendí mucho de él. Tuvimos relación hasta que falleció. Me dio una de las mejores lecciones de vida que me marcaron positivamente y para siempre. Entre otras cosas aprendí que el verdadero intelectual es consciente de lo poco que sabe, por eso es tan humilde y sencillo. Pero el perfil de su personalidad era, sencillamente mágica, atraía como un imán atrae al hierro. Podías estar con él días enteros y no te cansabas de escucharle, jamás hablaba de medicina en estos encuentros informales, hablaba del vivir y del existir. Hablaba de la vida y de lo vivido.

Este mundo funcionaria mucho mejor si hubiera más personas así. Los necesitamos para no ir hacia el vacío y el caos. Son: la alternativa.