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lunes, 10 de agosto de 2015

Tocando el cielo

Teresa & Noelia | Panticosa, 2015
Queridos lectores:
En los últimos escritos hablo de experiencias como terapeuta y persona. Es en el último donde hablé de lo que implica saber poner una "copita de poesia a la vida". Quiero compartir con todos vosotros una experiencia muy reciente, llena de magia, emotividad, espiritualidad y sentido, tremendamente enriquecedora. Toda una copita de poesia que ha hecho que toque el cielo.

Del 28 de julio al 2 de agosto he acompañado a mi hija a Panticosa, pirineo Aragones. Mi hija mayor realizaba allí una master class nada menos que con la gran Teresa Berganza.

Acompañé a mi hija por doble motivo:
  • Para ella era un sueño hecho realidad. No se creía que habia sido seleccionada, no podía imaginar que iba  conocer a su mayor mito. Ella, que es una muchacha solvente y con grandes recursos, se encontraba baja físicamente y la emoción de encontrarse con Teresa la tenía desbordada.
  • Yo también necesitaba descansar y desconectar y què mejor que retirarme unos días a este paraje bello y sereno donde tenía un hermoso Spa con aguas termales que no me iban a venir mal. De esta manera mataba dos pájaros de un tiro: apoyaba a mi hija y descansaba. Y, por supuesto, yo también soñaba  con el encuentro con Teresa.
El sitio es ideal. Muy recomendable a quien no lo conozca. En pleno contacto con la naturaleza, entre montes que tocan el cielo. Pero lo que realmente hizo que tocaramos el cielo fue el festival Panticosa: "tocando el cielo". Una semana de múltiples actividades musicales. Jóvenes con sus instrumentos, grandes profesionales del mundo actuando. Y, la gran Teresa, impartiendo cuatro horas diarias de clases ininterrumpidas, volcada, entregada a sus ocho alumnos y alumnas. Seis chicas y dos chicos. Impactaba su entrega, su vitalidad, su energía. A sus 82 años es una mujer bellísima!. Su interior está en consonancia con su exterior: derrocha energía, sabiduría, entrega y generosidad. Pero, lo que la eleva a la categoria de "gran diva", es su sencillez y su humanidad. Su gran carrera profesional, cargada de grandes experiencias de vida y en contacto con el mundo entero la han hecho así: sencilla, cercana, amorosa, amante de la vida, donada y entregada.

Mi hija estaba en éxtasis. Y, sigue en éxtasis. Y yo agradezco a Teresa que a estos jóvenes que empiezan en esta profesión, cargada de disciplina y trabajo, sea un referente como persona que vive desde abajo. En su día dijo: "cantar es un acto de amor" y eso es Teresa y porque ha amado y ama es por lo que creo que ha cantado tan sumamente bien. Su musicalidad es única. Teresa no estaba sóla. Le acompañaba su familia. Y ahí se reflejaba también lo que es Teresa. Su familia tiene y trasmite los mismos valores que Teresa. Su hija Cecilia Berganza, gran soprano, abrió con una hermosa gala la semana y su sencillez y humanidad es algo que al parecer lleva en su genética o, mejor dicho, en el habitat en el que se ha cultivado y desarrollado.

Me he pasado la vida intentando hallar el potencial de la persona y contribuyendo a la realización del mismo. Siempre me ha preocupado la vida truncada, lo que uno puede llegar a ser desde lo que en verdad es y tiene. La felicidad anda por ahí. Lo que jamás creí que una de mis hijas me dijera un día: deseo cantar. Hoy canta y es feliz y sabe muy bien de las dificultades y dureza de su profesión pero desea cantar porque - como dice Teresa - "cantar es un acto de amor".

Gracias Teresa.

sábado, 4 de julio de 2015

Copita de poesia

Ziga Baztan (Nafarroa/Navarra) | mayo, 2015
Quedamos que describiría y explicaría en qué consiste, a mi modo de ver, "saber poner la copita de poesia a la vida". Eso que llamamos realidad, es necesario. Los psicólogos nos pasamos la vida intentando ajustar a la persona a la realidad, siempre en constante demanda de que presten atención a la realidad y que la sepan leer, que eviten distorsionarla y, mucho menos, salirse de ella.

Sin embargo existen muchas personalidades para las que la realidad les resulta carente de sentido, aburrida. En definitiva, algo que ofrece poco. A estas personas me cuesta mucho esfuerzo ayudarles a que vivan desde la realidad todo ese potencial peculiar de ser. Y, es que estoy de acuerdo con el pensamiento de que la realidad, por necesaria que sea, es aburrida, no gusta y realmente ofrece poco.

Y es que no se puede vivir bajo la constante protesta e insatisfacción de la realidad. Pero sí se debe ser consciente de lo pobre que es y de lo fácil que es dejarse llevar por "la masa" que arrastra y anula.
Un cierto porcentaje de crítica y reflexión es necesaria para mantenernos, en la medida de lo posible, libres y autodeterminativos. Porque ¿realmente, a quién gusta la realidad?, ¿quién la acepta tal y como es?. Perdónenme ustedes pero en esta cuestión no entran los mediocres y los tontos. A estos les da igual: "donde va la gente va Vicente".

En una ocasión un joven, adentrado en la carrera, acudió a mi consulta. Recuerdo con gran cariño cuando, en su honesta expresión de lo que sentía y le ocurría, me expresaba lo mucho que le gustaría saber lo que habría en esas mentes que tanta filosofía de vida habían transmitido como eran Platón, Aristóteles, Socrates, etc... Su expresión era: ¿Cómo serían esas mentes, qué habría en ellas?.

Alguien puede creer que pensando así uno acaba loco. O otros puedan pensar que lo único que hace es encubrir otras necesidades y sale por peteneras. Pues no, señor. Ni ha acabado loco, ni por peteneras. Hoy es un hombre inteligente, feliz y aportando grandes alternativas de vida. Un hombre profundo. Y sobre todo, un hombre sencillo y humilde, pero gran intelectual. A personalidades de este tipo la realidad se les queda corta. Así es como yo empezé a hablar de la copita de poesía. De saber poner esa copita a la vida. No tengo una receta concreta. Cada uno tendrá que saber encontrar su copita de poesía. Pero hablo de ella así:

La copita de poesía consiste en poner ese punto a las cosas que las hagan menos amargas, más fáciles y llevaderas, lo que da sentido al aburrimiento y que nos ilumina y nos hace sonreir.

Podriamos pensar en el buen humor. O, de ese espacio reservado para mi descanso personal donde me permito perder - que es ganar - tiempo. O de esa realización de pequeñas cosas que dan motivo de vida. Pasear contemplativamente, leer ese libro que siempre tengo pendiente. Premiarme con una buena comida en reunión con los que quiero y me apetece. Atreverme a soñar lo imposible. Comprarme un pequeño capricho. Potenciar una afición. Atreverme a ser plenamente yo mismo. Reirme de mis errores o debilidades consciente de ellas. Permitirme pequeñas manías. Gozar de mi ser libre.

Existen tantas copitas de poesia como personas hay. Sólo tenemos que descubrir y realizar la propia. Descubriremos que se vive mucho mejor y que ayuda a aceptar la realidad tal y como es pero no a dejarte enganchar por ella sino que la enriqueceremos y ampliaremos.