sábado, 13 de agosto de 2016

Tocando el cielo

Tarragona Sunrise | 2016
Del 30 de julio al 4 de agosto se ha celebrado la 4ª edición del Festival Internacional de Panticosa Tocando el cielo. De nuevo, mi hija mayor se encontraba en la masterclass con la maestra entre las maestras, la querida y admirada Teresa Berganza. Increíble pero verdad, la energía y la entrega de esta gran mujer.

Pero antes de seguir escribiendo, quiero mencionar al pianista, repertorista y ...mucho más: Miguel Ituarte.

Es un artista de los grandes. Consigue que las jóvenes cantantes lo hagan mucho mejor. Sus matices, cómo las sigue, no quiere lucirse él desea hacerlas grandes a ellas. Gracias Miguel por tu arte, porque aunque te empeñes en no sobresalir es inevitable desviar la mirada hacia el piano. Teresa te dio las gracias y te llamó la Sinfónica de Berlín. Es verdad, así son los grandes: sencillos, generosos, sin necesidad de protagonismo, que viven la verdad de lo que hacen. Y que solo necesitan amar lo que viven.

Al final del gran espectáculo Teresa Berganza nos dirigió unas palabras y dirigió a sus alumnas un bonito mensaje: TRABAJO,TRABAJO, TRABAJO, AMOR, AMOR, AMOR, PASION, PASION, PASION.

Es alentador oír esto en los tiempos de crisis que corren. Donde los jóvenes creen no tener futuro. Teresa, con estas palabras, les transmitió esperanza, optimismo. En definitiva les dijo que tenían futuro, que hay futuro.

Yo me uno a estas palabras e invito a todos aquellas personas que, por una u otra causa, os encontréis en el pozo oscuro, deciros que en la oscuridad hay luz. Sobre todo cuando seguimos luchando con esperanza, ilusión y fuerza. Aguantad, resistid, ... porque detrás está la luz.

Soy consciente de que cuando hay sufrimiento no se ve nada, sólo oscuridad. No hay vacaciones, no hay verano, no hay deseo de vida. Pero, creedme, hay luz. Y, para mantener la esperanza, os invito a escuchar a mi hija Noelia en Panticosa. Y no olvidéis ir cuando podáis. Realmente en Panticosa se toca el cielo. Es tremendamente sanador.

Seguid disfrutando de lo que nos queda de verano y por favor descansad. Es vital descansar.





sábado, 18 de junio de 2016

Experiencias de una terapeuta VI: del trauma a la felicidad

Biarritz | 2016
Un terapeuta está en contacto constante y directo con la experiencia traumática. Y que duda cabe que toda experiencia traumática impide la felicidad. Así que en toda terapia se lucha por salir de aquello que impide que la persona obtenga niveles de satisfacción personal con la vida. Y lo que es más: una percepción de la vida en sí misma positiva, que merece la pena vivir y con la convicción de que la vida está hecha para ser vivida en plenitud.

Ahora bien, en Estados Unidos (a modo de ejemplo) se acude al terapeuta no sólo porque se sea infeliz sino porque se quieren obtener mayores niveles de satisfacción y gratificación de la vida y con la vida. Se identifica gratificación con felicidad. Considero que esta percepción es errónea. Entre otras cosas porque simplifica mucho todo lo que implica "ser y existir".

La felicidad tiene por tanto implicaciones que van más allá de la mera gratificación. La felicidad implica dolor, frustración, desgarro afectivo, trauma, llanto, limitación, enfermedad, impotencia, soledad no elegida, rechazo o marginación; esto es: bajar al infierno y subir de él, tocar el cielo y quedarse en éxtasis por lo visto y experimentado. En definitiva, implica momentos sublimes y momentos horrorosos. Reír y llorar, gozar y sufrir, gratificarse y carecer, tenerlo todo y perderlo, volver a empezar, implica amar y desvivirse, darse y negarse, perder y ganar. La felicidad implica libertad de ser, implica eliminar el deseo y obtenerlo todo porque, precisamente, no se ha deseado. Implica aceptar la desnudez de la realidad que nos muestra la cara más fea, aburrida y simple, que no siempre ofrece muchas posibilidades pero que nos reta a sacar la parte más creativa y luchadora de nosotros mismos. Implica saber poner "la copita de poesía a la vida", implica luchar y ponerse en movimiento, nos pide vivir y convivir. La vida siempre empuja hacia arriba. Implica esperar contra toda esperanza (trans-esperanza). Y sobre todo la felicidad implica quietud, silencio, ...paz.

Y, para ello, es muy importante reconciliarse con uno mismo, con la vida y con todo el cosmos. Vivir reconciliado con todo.

LA FELICIDAD ANTE TODO ES PERDON

domingo, 8 de mayo de 2016

Experiencias de una terapeuta V

Garibaldi, Napoli | 2016
Creo firmemente en lo que denomino "acto consciente". Es más, considero que el hombre consciente es un hombre salvado. Hay quien entra en un despacho terapéutico con miedo. Le preguntas ¿por qué? y te responde que no sabe lo que va a descubrir de sí mismo. Personas que tienen miedo a desconfigurar la idea de si con la que han aprendido a vivir. Sea verdad o falsa, es lo que creen que les sirve. Lo cual me confirma que uno puede creerse Napoleón pero no es Napoleón y no estoy refiriéndome a episodios psicóticos alucinatorios. Sirva de ejemplo para explicar que en muchas ocasiones la idea de uno mismo no corresponde con la realidad de sí mismo.Y esto hace un gran daño y resta muchas posibilidades de vida a la persona.

En la práctica cotidiana es habitual oír frases tales como: "yo no soy muy inteligente, estudiar no es lo mio", "soy más simple que el mecanismo de un chupete", "las habilidades sociales no son mi fuerte, tengo pocos recursos", ... O, también todo lo contrario. En plan fantasmagórico: "soy maravilloso, super-hábil, capaz de lo que haga falta", "soy el más guapo, el más inteligente, el más de todo, ...".

En el proceso evolutivo de desarrollo la persona va pasando por etapas de crecimiento. Todas ellas son necesarias y convenientes. A un adolescente no se le debe castrar su etapa de fantasía ni de idealismo. Pero tampoco puede pasar a la etapa de juventud quedándose fijado en la anterior. Es necesario diferenciar bien lo que es e implica lo siguiente: el yo ideal, el ideal del yo y el yo real.

El ideal del yo corresponde a la etapa adolescente, donde uno fantasea con ese sueño de ser. No doy bien una patada al balón, pero soy el mejor y seré un gran futbolista.

El yo real es lo que uno verdaderamente es, con lo bueno y no tan bueno, defectos y virtudes, con cualidades positivas y negativas. Y sin miedo a reconocer lo que en verdad es y tiene. El yo real conoce las posibilidades.

El yo ideal, lo que uno desea alcanzar y ser. Pero siempre a partir de lo que es y tiene. El yo ideal debe desarrollarse desde el conocimiento del yo real. La persona no debe renunciar a su yo ideal porque es lo que le mantiene en superación y crecimiento, siempre consciente de donde parte que es lo que es.

Y, a este respecto, quiero manifestar gran admiración y cariño a un joven, ya adulto, que un día empecé a tratar y que en la actualidad sigue conmigo en terapia de mantenimiento y apoyo. No pude reprimir el dolor y las lágrimas el día que me preguntó: ¿por qué he nacido así?. Tiene la inteligencia justa para darse cuenta de su incapacidad intelectual y recursos. Hubo problemas en el parto que le causaron lesiones importantes con serias limitaciones. Serios problemas de aprendizaje, psicomotricidad y tartamudez le impidieron jugar como todos los niños. No pudo escalar árboles ni saltar vallas porque se caía, no pudo aprender a andar en bicicleta ni mucho menos acceder a conducir un coche. Años le costó aceptarse y quererse así mismo. Pero cuando lo pudo hacer se marcó un ideal y llegó muy lejos. Su tesón, su fuerza, su entusiasmo, su amor a la vida.... han hecho que consiga logros increíbles. Hoy es feliz, muy feliz y motivos tiene para ello.

Es un ejemplo claro de superación cuando existe un ideal de ser y un gran ejemplo para todos aquellos que recibieron mucho mejor potencial y no supieron cultivarlo. Lo cual nos confirma lo relativo que puede ser todo.

Sí, el hombre consciente es un hombre salvado.

domingo, 3 de abril de 2016

La sinrazón del sufrimiento

Etxalar, Navarra | 2016
Que el sufrimiento es un mal no hay duda alguna. De ahí el esfuerzo humano por evitarlo. Ahora bien, como he mencionado en entradas anteriores, existen sufrimientos inútiles y sufrimientos útiles. Los sufrimientos inútiles son aquellos que no tienen razón de ser, los que no se pueden utilizar para algo positivo (si no podemos evitar que haya sufrimiento al menos saquémoles partido, dando un sentido al mismo y, si no hay posibilidad de encontrar un sentido, huir de ellos como del mismisimo diablo).

Es a este tipo de sufrimientos inútiles a los que me refiero con la expresión de "la sinrazón del sufrimiento".

No podemos evitar el dolor, ni la enfermedad, ni la muerte, ni el desgarro del alma, ni la traición, ni el desengaño, ni la frustración, ni la debilidad, ni la decadencia, ni el fracaso, ni el desamor. Todo ello pertenece a la condicion humana y a su limitación. Pero sí podemos evitar la sinrazón de otro tipo de sufrimientos, como es el provocado por las guerras, el fanatismo, ..., de todo aquello que acabe en "ismo".

Los últimos atentados en París y Bruselas, en Bagdag y Pakistán - por ejemplo - son el mayor de los sinsentidos del sufrimiento, la sinrazón del mismo. ¿Cómo se puede encontrar un sentido a semejante drama, a tanta víctima inocente?.

Dificil solución. Muy dificil lo tienen las victimas y sus familiares y allegados. ¿Cómo hacer para que el odio no se afinque en su alma aumentando su dolor y el sufrimiento. Y, ¿cómo hacer para que la rabia, el odio, el asco, ..., no se afinquen en todos nuestros corazones?.

Sí, soy terapeuta del dolor y el sufrimiento pero hay situaciones antes las cuales no puedo responder mas que con el silencio doloroso, empático, amoroso, sereno, esperanzador y sólo puedo mirar a los ojos del sufriente y decirle: no estás sólo en tu dolor, ..., mejor dicho en tu sufrimiento.

No podemos, no debemos desesperar ante la sinrazón del sufrimiento. Tampoco lo podemos entender porque no hay forma de entenderlo, ni mucho menos lo podemos justificar. Pero sí podemos caminar con mirada al frente, bien alta, con la fuerza interior del que no tira la toalla y se autoafirma en que la sinrazón no puede dirigir este mundo. Caminemos juntos con mirada al frente, sin miedo y autoafirmación.

jueves, 11 de febrero de 2016

Dignidad en el morir

San Juan de Gaztelugatxe, 241 escalones | 2014
Mi queridos lectores y lectoras, ante todo pediros disculpas por mi tardanza. Mi último post fue en Navidad. No me voy a justificar pero, la verdad, es que he estado en menesteres densos, profundos y muy vinculantes. Enseguida lo entenderéis.

Este escrito va a ser un Homenaje a una persona que acaba de morir y al que he tenido el enorme privilegio de acompañar: mi querido D. Antonio. En este Homenaje incluyo a quienes os encontréis en un estado de enfermedad larga, dura, dolorosa e intuyendo que la vida termina.

D. Antonio, tuvo una larga enfermedad y a pesar de que el avance médico es muy grande no pudo superarla ni tampoco dejar de sufrir. Si, sufrió mucho. Este sufrimiento es el que hizo que estableciéramos un vínculo muy bonito, confidente. Durante el proceso habló y mucho, ... siendo él un hombre muy reservado y hermético, pero habló. Esta fue la primera etapa. La segunda etapa del proceso fueron sesiones de masajes que le ayudaban a relajarse y a mitigar el dolor, siempre acompañado de algunas palabras, las justas. Pero la fase más relevante y dura fue cuando ya no se le podía acostar. Estuvo dos meses largos en una butaca, día y noche, viendo como se le iba la vida.

D. Antonio no tenía miedo a morir. En verdad no tenía ningún miedo. Pero sujetó la vida hasta el final, muy final, respondiendo a su forma de ser y vivir. Dignidad hasta el final, lucha, esfuerzo, aguante, paciencia, tesón, esperanza. Nadie mejor que el enfermo para saber de su estado. Pero en ocasiones otros elementos o estados anímicos le llevan al engaño: cuando creía que llegaba el final, no llegaba y cuando realmente llegó creía que no. Al final la comunicación era perfecta, sin casi palabra. Me entendía a la perfección y le comprendía perfectamente. El vínculo era totalmente amoroso. Lo último que le dije : D. Antonio, ¿tiene angustia?. No, respondió con gesto sereno. Eso está bien. Ha llegado el momento de abandonarse sabiendo que nada malo va a pasar, esa es mi certeza  y también la suya. Le vamos a acostar y si siente dolor le levantamos. No hizo falta. Día y medio después murió, tranquilo y sereno. Se manifestó el milagro de la aceptación. Aceptación que, si bien estaba ya hace tiempo, su dignidad de ser le mantenía sujetando una vida que se acababa.

Estos procesos de acompañamiento terminal nos vincula a otras personas allegadas al enfermo. Son muchas horas junto a familiares que acompañan en la dureza de ver sufrir a su ser querido. En este caso he tenido el grandísimo honor de conocer a Ramón, su hermano mayor, y a su esposa, Maria Teresa. Entrañables, íntegros, profundos, sencillos, inteligentes, sacrificados, cansados pero perfectos acompañantes. Su sensibilidad, su respeto a la voluntad de su hermano, su presencia serena y su buen hacer. sin hacer ruido, sin protagonismo. Con amor. Que de eso se trata.

Aunque el hecho de nacer, vivir y morir es un acto propio y personal, nadie debe estar sólo, La presencia amorosa facilita cada paso que nos toca dar.

Mi querido D. Antonio sé que está bien. Y la huella que ha dejado en mí se la agradeceré eternamente. Ramón y Maria Teresa gracias por existir y por ser lo que sois. Sentiros gratificados porque el bien siempre es bien. Y es lo que habéis regalado.